Una de las jaulas comerciales más grandes que hay en Madrid se llama Kinépolis, o como reza su eslógan: “el cine a lo grande”.
Veamos, cuando alguien te ofrece el “Cine más grande del mundo” con 25 salas y más de 9.000 butacas, efectivamente no esperas la atención más personalizada del mundo (de esto hablaré un poco más abajo) pero por lo menos que el servicio de aparcamiento e instalaciones estén preparadas para acoger a esos 4.000 coches o más que pueden ir a llenar la sala… para que las ovejas madrileñas puedan entrar y gastarse el dinero antes tienen que aparcar, está claro.
Parece que este blog se ha creado para las quejas del parking en los centros comerciales pero no es así, aunque en mis dos últimas experiencias el aparcamiento ha sido un grave problema, en Kinépolis decisivo para dar el paso: consumir – no consumir.
A lo que voy, que llegué un domingo por la tarde, una hora antes de que empezara la película (por qué ir antes si con 25 salas y 9.000 butacas hay sitio para todos…) y me encontré un atasco tal que no se movía un coche. Tras 45 minutos perdidos sin poder avanzar y descartando la opción de dejar el coche en medio de la calle, entrar al cine y volver a recogerlo en el mismo sitio cuando saliéramos, al final avanzamos un poco (5 minutos antes de comenzar la sesión a la que íbamos) y al llegar al final de semejante atasco, resulta que habían cerrado el parking subterráneo y puesto un seguridad cerrando el paso al parking de la calle por la parte de la derecha. Es decir, si quieres entrar al cine aparca en Telemadrid y ven andando hasta la puerta, casi prefiero que me cobren como en Príncipe Pío…
Tras varias vueltas en un mismo sitio sin indicaciones de nada, para qué, por fin aparcamos y entramos.
La escena era desoladora y absolutamente impersonal: miles de pantallas que se solapan unas con otras, enemil taquillas para comprar y aún con esto ¡enemil personas en cada cola esperando! Ante la poca practicidad del asunto y el sentimiento de ser tratado como ganado decidimos que era el momento de huir de ahí para no volver nunca más, ya que nos habían robado al menos 1 hora y media de nuestra vida que no nos robaran más…
Conclusión, una jaula más para consumir como locos: el transporte para llegar lo primero, luego llega una o dos horas antes para hacer esa cola inmunda y conseguir entradas en una de esas 9.000 butacas y ya que has llegado mucho rato antes aprovecha la hora que te sobra para consumir, no importa qué, puedes merendar, tomar un café, ir a McDonalds, pero compra, compra, compra!!! ¡no te quedes ahí parado! ¡Compra!!!!!!!
Aquella tarde a mi, lo único que me robaron fue el tiempo, no consumí, nada.